Como ya es costumbre los velados ritos de la noche
son impunes a mis palabras, a mis deseos
los secretos caminos de la perfida pasajera
son espacios entre mis llagas y mi piel.
La sensación de espera permanente
es una reiterada condena a mis ojos en vela
la imperfecta armonía de esta desidia incontrolable
es una plegaria de los apesumbrados silencios de mi alma.
La calma se hace cada vez más impertinente
y el deseo de mis manos de recoger pedazos de las sobras
es una emoción saturada de recuerdos
y de momentos inverosímiles e interminables.
No puedo esperar a mañana
la sensación en mi pecho es una pequeña rafaga de lamentos
no, no puedo esperar a mañana
la sensación en mi cuerpo carece ya, de estos mis sentimientos.
Parece que la noche le ha ganado una vez más a mis días
y la zozobra de mis ansias
es una compleja ecuación tan llena de pérdidas
de derrotas, de culpas y de deseos.
No, no puedo esperar a mañana
debo encontrar las líneas que me lleven a la multitud
al encuentro de mis raices, de mi historia
una vez más al encuentro de mis entrañas
esas, que con la espera ya casi he olvidado.