miércoles, 16 de junio de 2010

Refugio

Refugiado en las palabras
escondiéndome de los sentidos
asiento para no negarme
repito para no reiterar

refugiado en los sonidos
buscando en los silencios
me encuentro para no perderme
me niego para reconocerme

refugiado en lo distinto
para no encajar en las trincheras
para no encontrarme con mi silueta
para no reconocerme en el espejo

refugiado en mi discurso
que olvido cada tanto
que ya no se como sonaba
tan solo recuerdo que es mi refugio

jueves, 3 de junio de 2010

Introspección I

No basta con aquello que carece de sentido.
Es el dolor de perder lo fundamental, lo básico, lo importante. Es no poder reconocer el sentido de la vida y abandonar los sueños para dejar que el placer pase a ser una simple afirmación. O quizás aún menos, un simple destello de aquello que algún día fue lo más importante.
A veces el saber no basta, el entender tampoco es suficiente. A veces, el vivir es lo único que realmente importa.
¿Y ahora me pregunto que he hecho realmente yo este último tiempo?
Todo… menos vivir.
Y duele aún más saber que esta realidad no se puede cambiar, que la felicidad y el dolor son compañeros en esta vida y que alejarme de cualquiera de ellos, implica simplemente renunciar a la mismísima vida.
Me sigo concentrando en los mismos anhelos de hace veinte años atrás, solo que esta vez puedo ver sus consecuencias también. El llanto, el dolor, la rabia, la soledad…. Si, sobre todo la soledad… son todos pasajeros del destierro al que me he autoimpuesto.
Es difícil hablar así, de esta forma tan real y tan dura a la vez. Y aunque así pareciera, no es injusto ni menos tendencioso. Es simplemente la calma de saber que me conozco más de lo quisiera conocerme, es solo el hecho de entender más de lo que puedo llegar a sentir.
Cuando veo todos esos rostros en mi mente y luego pienso que no son más que recuerdos e incluso fantasías de lo que pudo ser y no fue. Cuando pienso en que sucedería hoy si hubiese tomado otras decisiones y luego me doy cuenta de que todo esto es imposible, de que el pasado no cambiará y que es parte de mi historia, por mucho que eso pueda doler. Entonces, siento una tremenda decepción y me veo en el espejo, con la mirada perdida, sin rumbo, buscando pedazos de mi entre las sobras, suplicando al viento - o a algo que mi mente no es capaz de comprender - que me devuelva el alma empeñada en el ocaso del último gran intento. Cuando ya no volví a sonreír, cuando simplemente renuncié al amor y olvidé las palabras que me hicieron sentir alguna vez, la vida crecer dentro de mi.