Hasta el ocaso mismo se inflama
los silencios de la noche se desechan
porque en esta velada
solo ruidos y estruendos
carcajadas sonoras e insolentes
abrazos y roces
y millones de ojos
Hasta el sol nos envidia
porque el sonido de todas las palabras
trascenderá hasta los confines de sus latidos
y la impertérrita sensación de omnipresencia
ha hecho que nuestras venas se inunden de algarabía
y nuestros pasos celebren la confusión de sus huellas
que en la agonía del crepúsculo
han recogido hasta los más inverosímiles sones
y solo se han quedado con las miradas
de esos millones de ojos
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